El modelo económico de las FARC
Por: Contrapunto
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Sobre el ideario económico de las FARC

Escrito por Salomón Kalmanovitz


El ideal de las FARC



El modelo económico de las FARC sería llevado a cabo por un “nuevo gobierno que consolide la paz sobre la base de la participación política y la convivencia democrática, que supere la corrupción, garantice el estímulo a la pequeña, mediana y gran industria, recupere el proteccionismo de Estado a la economía, controle sus sectores estratégicos, impulse la investigación científica, realice la reforma agraria, reivindique a los trabajadores y suprima las formas de explotación que han degradado el valor del trabajo, dignifique a las grandes masas empobrecidas, transforme socialmente al país y recupere todos los valores sociales” (Rubén Zamora , uno de los negociadores de las FARC).


El modelo fariano  se contrapone al modelo neoliberal que, según ellos, entrega los recursos naturales al capital extranjero y produce desindustrialización, caída de la agricultura (con excepción de los agro-combustibles), y empobrecimiento de los campesinos por los tratados de libre comercio, todo lo cual conducirá inevitablemente al colapso de la economía nacional.



En algún aparte afirman que la vinculación con la economía global empobrece a los países y que el verdadero desarrollo se obtiene mediante la autarquía, seguramente integrándose a los países de América Latina que han optado por el camino de la izquierda.



  Maldición de los recursos naturales


La desindustrialización que han vivido muchas economías que exportan petróleo y otros recursos valiosos no resulta de la aplicación deliberada de ningún modelo económico; es el efecto directo de una ley económica según la cual la renta que produce una bonanza exportadora hace que la moneda se revalúe, lo cual abarata las importaciones y hace menos rentables las exportaciones – de manera que baja la producción nacional de los bienes “transables”-. Es lo que se denomina “maldición de los recursos naturales”.



El mejor ejemplo de esa “maldición” es Venezuela: a cada auge de los precios del petróleo le sigue una pérdida de competitividad de su producción interna; con la política anticapitalista de Chávez, se ha agravado la desindustrialización, lo cual ha hecho necesario importar la inmensa mayoría de alimentos y otros bienes de consumo.



La política necesaria para enfrentar la maldición de los recursos naturales no es precisamente cerrar la economía, que no haría más que agravarla, ya que al reducirse las importaciones se revalúa todavía más la tasa de cambio. Al contrario: se necesita ahorrar  buena parte de la renta minera e invertirla fuera del país o en proyectos locales intensivos en importaciones.



Lo anterior es algo que por ejemplo no hace Chávez, quien en vez de subir los impuestos aumenta la deuda para hacer gasto público, lo cual acaba por minar tanto la industria como la agricultura de su país.



Aunque la minería en Colombia está impulsando un crecimiento desequilibrado — y aunque afecta negativamente la producción industrial y agrícola — es riqueza verdadera  que alimenta sectores no transables, como la construcción, el comercio y los servicios, en especial los del gobierno por la vía de impuestos y regalías:  Ecopetrol ya provee una parte muy importante de los ingresos del gobierno central.



  Más Estado


Estaría de acuerdo con una política más estatista cuando yacimientos y equipos revierten a la Nación, como en el caso de Cerro Matoso, en vez de extenderle el contrato a una empresa que ha violado las leyes tributarias y de protección ambiental del país. Precisamente, Ecopetrol surgió de una política nacionalista de un gobierno conservador que no  renovó la concesión de Mares en 1950.



También se debe construir más  Estado para que regule y comparta una mayor parte de la renta de los recursos que no son renovables, mediante regalías e impuestos más elevados a las empresas que se lucran enormemente con las condiciones del mercado mundial.

  Aprender de la historia de Colombia


El desarrollo económico de las periferias del capitalismo mundial ha sido posible cada vez que el comercio se expande y los términos de intercambio favorecen a los productores de materias primas.

Colombia tuvo poco crecimiento en el siglo XIX, porque tenía relaciones semifeudales de producción y porque sus ciudades estaban muy lejos de las costas, gravando las exportaciones con enormes costos de transporte. Cuando en el siglo XX empezó a producir un cultivo tan valioso como el café, que podía absorber los costos de transportarte por el río Magdalena o hasta llegar a Buenaventura, tuvimos un desarrollo económico bastante bueno.

Sin embargo la política proteccionista que surgió de la alianza entre cafeteros e industriales llevó a que no  se buscaran nuevos productos de exportación, hasta que los precios del café cayeron tanto que la economía nacional entró en crisis hacia finales de la década de 1960.



En la década de 1970, las políticas de estimulo permitieron una expansión de las exportaciones industriales y agrícolas, pero esas volvieron a perder dinamismo con las bonanzas cafeteras de 1976 y de 1986, la del petróleo y la de otros productos mineros, que se iniciaron en los años noventa.



Insisto: no fueron las políticas de apertura las que redujeron las oportunidades de la industria o de la agricultura, sino los grandes flujos de divisas que recibió el país por haber encontrado petróleo de 1994 en adelante y por exportar carbón, oro y coltán en la actualidad.




  Sembrar futuro



Esas políticas y la revaluación han permitido renovar los bienes de capital y los equipos de todos los sectores de la economía, han aumentado la productividad en todos ellos y han hecho que los colombianos adquiramos electrodomésticos, autos, motos y celulares que antes consumían solo las capas más ricas de la población.



Ha faltado mucha inversión en educación, ciencia y tecnología. Ni el gobierno Uribe ni el de Santos parecen entender la importancia de tener un sistema educativo que forme científicos, buenos ingenieros e innovadores. Brasil es el ejemplo a seguir pues ha logrado exportar bienes intensivos en tecnología, tanto agropecuarios como industriales.



La politización de las regalías en Colombia ha conducido, como bien lo señala Zamora, a su desperdicio y apropiación por políticos y contratistas corruptos, no importa que el gobierno intente aplicar parte de ellas a ciencia y tecnología.


  Aprovechar la bonanza


¿A qué debemos la bonanza que acompaña la explotación de nuestros recursos naturales? Al gran desarrollo económico del este asiático, de la China y de la India que demandan esos recursos, como en su momento lo hicieron Inglaterra, toda Europa o Estados Unidos y Canadá.



Ahora bien: el peso de la minería en el producto interno colombiano no es muy alto y aunque representan el 60 por ciento de sus exportaciones, todavía contamos con una economía bastante diversificada: en 2011, el sector agropecuario exportó 7.060 millones de dólares, el manufacturero casi 10.000 y el minero 37.148. El 96 por ciento de las exportaciones venezolanas, por contraste, son de petróleo.



Los tratados de libre comercio no son la panacea para un país que solo aspira a especializarse en la exportación de materias primas. Los gobiernos de Uribe agravaron el problema al no ahorrar la bonanza externa y, al contrario, al endeudarse para gastar alegremente lo que no nos había entrado todavía.



La administración Santos no ha hecho lo suficiente para aumentar los impuestos que recaen sobre la minería y los ricos del país, que es la forma como se puede ahorrar y evitar los daños que produce la maldición de los recursos naturales y lo que permitiría exportar bienes agropecuarios e industriales a Estados Unidos, México, Canadá y Europa.

  Aislarse no es salida


El país debe industrializarse: no encerrándose en sí mismo, sino aprovechando sus ventajas adquiridas y las que tienen que ver con la elaboración de productos derivados del ferroníquel, el carbón, el petróleo, el oro y el coltán. La autarquía puede resultar en una pérdida de productividad por falta de economías de escala.



Los TLC pueden resultar atractivos para empresas de América Latina y del mundo que pretendan exportar bienes y servicios a todos los países que no nos cobran aranceles por cruzar sus fronteras.



Es notorio cómo el socialismo venezolano del siglo XXI nos está exportando sus empresas petroleras, industriales y de servicios…aunque habría que pasar por un filtro a algunas de ellas.


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