Éxito para Colombia y el fracaso para Estados Unidos: La guerra contra las drogas
Por: Federico Ramírez Vergara
La guerra contra las drogas ha funcionado para algunos pero para otros no

El Departamento Nacional de Estadística DANE publicó la incidencia del narcotráfico sobre el PIB en Colombia. En el año 2000 el narcotráfico representaba el 1,7% de todo lo que se producía en el país, sin embargo hoy sólo es el 0,3%. Es decir que en el año 2000 de todo lo que se producía en Colombia, entre servicios, agricultura, minería, petróleo, café etc., casi el 2% era cocaína. Hoy en día esa cifra se ha reducido a menos de la sexta parte. Sin embargo el tráfico de estupefacientes, así como el consumo difícilmente ha disminuido en los países desarrollados. De hecho en Colombia ha aumentado más de 1% en el mismo periodo.




El debate que se levanta sobre la conveniencia o no de la guerra y el esfuerzo que se ha hecho contra las drogas se hace en un escenario político regional radicalmente diferente al que se tenía cuando se plantearon las políticas antidrogas. Por un lado, el poder y la influencia local de Estados Unidos en la región ha disminuido sustancialmente. En los noventas la política antidrogas estaba coordinada por los norteamericanos en casi toda la región. En Venezuela se contaba con una oficina y una estrecha coordinación con el Departamento de Estado, en Ecuador los Estados Unidos contaban con una base militar en la ciudad de Manta, en Bolivia había programas de asistencia y coordinación con la DEA.


A pesar de que los gobiernos de la región han entorpecido la coordinación en la lucha y de que en Centroamérica se ha recrudecido la guerra por el control de la distribución del alcaloide, para Colombia los resultados han sido más bien positivos, desplazando el problema y reduciendo su incidencia local.


  La guerra contra las drogas en Centroamérica

Varios analistas afirman que, por primera vez desde la Guerra Fría, está aumentando el interés de Estados Unidos por Centroamérica, esta vez por cuenta del combate al narcotráfico.

Los altos índices de homicidios y la presencia de carteles y bandas criminales no sólo han llevado a la creación de nuevas formas de asistencia, sino también a un aumento de 75% en la ayuda financiera anual que Washington destina desde 2008 a la región.

Actualmente, según el subsecretario de Estado para temas de narcotráfico, William Brownfield, Centroamérica es "la principal amenaza" de seguridad para su país en el Hemisferio Occidental.

El funcionario añadió en un testimonio ante la Cámara de Representantes que esto representa un cambio histórico: en los años 80, Centroamérica fue clave para EE.UU, pero el interés se centró luego en Colombia, Perú y México.

La nueva presencia estadounidense en Centroamérica, sin embargo, no está exenta de polémica.

En mayo pasado otra operación antinarcóticos en el pueblo hondureño de Ahuas, que contó con la presencia de agentes antidrogas estadounidenses, dejó cuatro muertos, descritos por algunos como civiles inocentes.

En ese momento Washington indicó que sus agentes habían participado solo como acompañantes de las fuerzas hondureñas y no habían disparado en esa acción, pese a las denuncias en sentido contrario de algunos locales.

  ¿Fracasó la guerra?

La Comisión Global de Políticas sobre Drogas está integrada por los ex presidentes Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ruth Dreifuss, así como por personalidades como el ex secretario de Estado George Shultz, el ex jefe de la Reserva Federal Paul Volcker, el ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas Kofi Annan, el empresario playboy Richard Branson y los intelectuales Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros.


La ONU estima que el consumo de opio se ha incrementado en un 35% entre 1998 y 2008, el de la cocaína en un 27% y el del cannabis en un 8.5%; al mismo tiempo, la violencia alrededor de las drogas ilegales se ha disparado.


“Ya no podemos ignorar que el grado al que han llegado la violencia, el crimen y la corrupción ligados a la droga en América Latina es resultado de políticas fracasadas de la guerra contra la droga. Ahora es momento de romper el tabú sobre la discusión de todas las opciones de política de drogas, incluyendo alternativas a la prohibición”, afirmó el ex presidente de Colombia César Gaviria en un comunicado de prensa de la Comisión.


“La guerra contra las drogas ha fracasado en reducir el uso de estupefacientes, pero ha llenado nuestras cárceles, ha costado millones en dólares de los contribuyentes, nutrido al crimen organizado y causado miles de muertes. Necesitamos un nuevo camino, uno que retire el poder de las manos del crimen organizado y trate a las personas con problemas de adicción como pacientes, no como criminales”, declaró el empresario Richard Branson.


La Comisión dijo en un informe que las políticas de criminalización contra los consumidores impiden impulsar iniciativas de salud pública para abordar las consecuencias del consumo de droga e implican enormes gastos en encarcelación y otras medidas. Sin embargo, sin importar que, hasta la fecha, este sea uno de los organismos de mayor relevancia en hacer semejante recomendación, prontamente los gobiernos de Estados Unidos y México han respondido desestimando y rechazando el dictamen.


  Las metanfetaminas, el nuevo dolor de cabeza

De acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) de México, la producción de drogas sintéticas se ha convertido en una de las actividades más rentables para algunos grupos de delincuencia organizada.


Se dice que al Cartel de Sinaloa -considerado el más fuerte del país- exportar una tonelada de marihuana a Estados Unidos le genera unos US$307.000.


En cambio, la ganancia por esa misma cantidad de metanfetaminas es superior a US$23 millones, según la Sedena. Este dinero puede triplicarse cuando el mercado final son los consumidores de Europa, estima la agencia antinarcóticos estadounidense, la DEA.




Así, la producción de drogas sintéticas en México y Centroamérica está en crecimiento. Uno de los motivos por el que es tan buen negocio es que los carteles controlan todo el proceso, desde la producción hasta la distribución. En México esto sólo ocurre con la marihuana, pues para el caso de cocaína y heroína, los carteles mexicanos son especialmente un intermediario en el paso hacia Estados Unidos.


Carteles mexicanos elaboran drogas sintéticas a partir de mezclar sustancias no reguladas o con poca vigilancia internacional, reconocen organismos internacionales.


En algunos casos extraen estos elementos, conocidos como precursores químicos, de medicamentos considerados legales en varios países.


Los carteles aprovechan las diferencias legales que existen a nivel internacional, le dice a BBC Mundo Antonio Mazzitelli, representante regional de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el delito (UNODC).


"El mercado de las drogas sintéticas es seguramente el más dinámico de todos", explica.


"Siempre nuevos métodos de producción que utilizan sustancias químicas que en muchos casos no están bajo control internacional, sino que también utilizan procesos de recuperación de estas sustancias a través de productos lícitos".


"El mercado de las drogas sintéticas es seguramente el más dinámico de todos"


Antonio Mazzitelli, UNODC


Además, las medidas de control suelen ser distintas. Por ejemplo, mientras en México se establecen regulaciones para el comercio de algunos precursores, no ocurre lo mismo en Centroamérica.


Los grupos de narcotráfico, entonces, establecen sus centros de producción en los países de esa región, como ha denunciado el gobierno de Guatemala.


"Seguramente hay muchos huecos a nivel legislativo y las organizaciones criminales las aprovechan", explica el representante de UNODC. "También lo hacen con el desarrollo de nuevas tecnologías, inventando nuevas drogas".


Ese parece ser el caso de los carteles mexicanos. En 2011 la Procuraduría (fiscalía) General de la República confiscó 908 toneladas de precursores en distintas aduanas del país.

No se conoce la cantidad de químicos que ingresaron por otras vías al país.

  Éxito para Colombia, fracaso para Estados Unidos

Las cifras más recientes de diferentes temas han sido favorecedores al esfuerzo que se ha hecho en Colombia. La muy controvertida fumigación aérea, que ha sido objeto de discusión política regional, ha evitado que los cultivos crezcan y han obligado a migrar de grandes extensiones cultivadas a pequeñas plantaciones, que tienen en promedio 1,5 hectáreas. Asi mismo el tamaño de la economía ilegal ha pasado de 1,7% del PIB en 2000 a solamente el 0,3% hoy.

Los cultivos, por un lado, son cada vez menos extensos, haciendo que la rentabilidad de la coca sea similar a la de cualquier otro producto. De acuerdo al último censo de cultivos de la ONU las familias que se dedican a cultivar la coca están conformadas en promedio por 4 personas, produciendo más o menos 580 mil pesos mensuales por su cultivo de coca. Este ingreso que generan es muy similar, por debajo inclusive, al que podrían tener con un cultivo legal.




Por otro lado, la asistencia norteamericana ha logrado fortalecer a las fuerzas militares y a la policía disminuyendo el poder relativo y haciendo que el negocio ilegal sea cada vez más riesgoso. Sin embargo no todo es color de rosas, ya que para Estados Unidos el negocio se ha diversificado, debido a que han perdido apoyo local en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia. Así mismo la cocaína ha perdido fuerza en el mercado de los narcóticos, siendo reemplazada por las anfetaminas, que se han convertido en un nuevo dolor de cabeza, ya que se pueden producir localmente y como consecuencia de su fuerte poder adictivo.