El proceso de paz fracasado de Belisario Betancur
Por: Ricardo Acuña
La falta de interés político llevó al fracaso del proceso de paz

Desde el inicio de su gobierno, Belisario Betancur planteó la necesidad de iniciar un proceso de paz y de ejecutar una reforma política que facilitara la realización de diálogos con las guerrillas y demás grupos ilegales con el fin de llegar a la solución negociada del conflicto armado y a la consecución de la tan anhelada paz.


Con este objetivo impulsó un proyecto de amnistía ante el congreso, el cual se convirtió en ley a finales de 1982. En este proceso de diálogo participaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M-19), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Autodefensa Obrera (ADO).


A pesar de haber promulgado la ley de amnistía, se habían creado las comisiones facilitadoras del diálogo y se habían firmado acuerdos de cese al fuego y tregua, ¿Qué salió mal? ¿Por qué no se pudo poner fin al conflicto armado en Colombia?



Guillermo Cano y Tirofijo en las negociaciones de Casa Verde.


Desde el principio de su gestión, Belisario Betancur careció del apoyo político necesario para emprender un proceso de tal envergadura como el que se intentó llevar a cabo. El simple hecho de proponer la posibilidad de dialogar con grupos de tendencia comunista iba en contra de los planteamientos del partido conservador.



  De la violencia partidista a las guerrillas comunistas

Gustavo Rojas Pinilla fue presidente de Colombia entre 1953 y 1957. Durante este período realizó grandes obras de infraestructura como lo fueron la construcción del aeropuerto internacional El Dorado, el Hospital Militar, la Calle 26 y Centro Administrativo Nacional (CAN) en Bogotá, por mencionar algunas. También impulsó un gran cambio social al reconocer los derechos políticos de la mujer en 1954 a través de la Asamblea Nacional Constituyente que fue instituida para reemplazar al Senado de la República durante el golpe de Estado de 1953. La gran cantidad de reformas que impulsó y el proceso de pacificación que llevó a cabo le granjearon gran apoyo popular durante los primeros años de su gobierno; apoyo que aprovechó para constituirse en una fuerza política alternativa a los dos partidos tradicionales. En 1955 nace un nuevo partido llamado “Movimiento de Acción Popular” y se constituyó en lo que Rojas denominó desde el principio como la “Tercera Fuerza”.


Al verse amenazada su hegemonía política, los partidos tradicionales coluden en una fuerte oposición al gobierno nacional y al naciente tercer partido. Aprovechando el malestar popular generado por el fortalecimiento de la dictadura militar, la instauración de la censura a los medios de comunicación, la respuesta contundente del gobierno ante manifestaciones populares y algunas alteraciones del orden público, los partidos tradicionales impulsan un paro nacional con el objetivo de oponerse a la reelección de Rojas por parte de la Asamblea Nacional Constituyente para el período 1958 – 1962. La oposición generada al gobierno, percibido ahora como una dictadura militar populista, fue tal que llevó a la renuncia de Rojas Pinilla y la instauración de una Junta Militar que asumió el poder hasta finalizar el período presidencial en 1958.



  El Frente Nacional y la guerra contra el comunismo

Durante el período previo a la instauración de la Junta Militar, los partidos liberal y conservador encabezados por Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez respectivamente, firmaron una serie de acuerdos que dieron origen al Frente Nacional. Mediante esta coalición se pretendía reconstruir la hegemonía bipartidista, poniendo a un lado aquellas diferencias que habían llevado a La Violencia, mediante una distribución equitativa del poder. Así, en 1958 se inició un período de 16 años durante los cuales los partidos tradicionales se alternaron la presidencia de la república y distribuyeron otros cargos políticos y administrativos equitativamente. 




El primer presidente del Frente Nacional fue el liberal Alberto Lleras Camargo, a quien le correspondió reestructurar el orden político del país con el fin de cumplir los objetivos del Frente Nacional. Durante los 16 años del frente nacional, el escenario político colombiano fue totalmente acaparado por los dos partidos tradicionales por lo que otras tendencias y movimientos políticos se vieron relegados a la marginalidad y en muchos casos a la ilegalidad.


Cabe resaltar que durante el período del Frente Nacional se intensificó la criminalización y persecución de grupos comunistas e izquierdistas en general, debido a la injerencia de los Estados Unidos en la política de los países latinoamericanos, esto debido a que dicho gobierno veía en los grupos insurgentes de esta índole la influencia y amenaza soviética característica del discurso y la política predominantes en el entorno internacional durante la guerra fría. Con el fin del Frente Nacional, la violencia bipartidista es prácticamente inexistente y el conflicto se centra en los grupos insurgentes de corte marxista-leninista que surgieron al combatir a las llamadas “repúblicas independientes” durante los primeros años del Frente.


El primer presidente electo al finalizar la coalición política del Frente Nacional es Alfonso López Michelsen quien fue sucedido por Julio César Turbay en el período presidencial de 1978 – 1982. Turbay implementa el llamado “Estatuto de Seguridad” con el cual buscaba hacer frente a los grupos insurgentes al conferir a la fuerza pública facultades judiciales, lo que llevó a un incremento de la intolerancia política que se tradujo en detenciones arbitrarias, desapariciones y tortura; esto a su vez incrementó la respuesta armada por parte de la insurgencia, intensificando la violencia. En 1982 asume la presidencia el candidato conservador Belisario Betancur quien dio un giro radical a la forma en la cual se había venido tratando a la insurgencia hasta el momento.

  El proceso fallido de Belisario, fata de interés y de apoyo político

Desde el inicio de su gobierno, Belisario Betancur planteó la necesidad de iniciar un proceso de paz y de ejecutar una reforma política que facilitara la realización de diálogos con las guerrillas y demás grupos ilegales con el fin de llegar a la solución negociada del conflicto armado y a la consecución de la paz. Con este objetivo creó dos comisiones (la Comisión de Paz y la Cumbre Política Multipartidaria) cuyo fin fue el de facilitar el diálogo entre los actores en conflicto e impulsó un proyecto de amnistía ante el congreso, el cual se convirtió en ley a finales de 1982.



En este proceso de diálogo participaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –  (FARC), el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M-19), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Autodefensa Obrera (ADO). En 1984 se firmó el acuerdo de La Uribe con las FARC mediante el cual los actores en conflicto se comprometieron a un cese al fuego bilateral y se establecieron las condiciones necesarias para dar inicio al tránsito de la vida militar de la organización a un ámbito político. Durante ese mismo año se logró firmar una tregua con el M-19, el EPL y algunos sectores del ELN y la ADO. Durante este proceso nace la Unión Patriótica (UP) como un partido político legalmente constituido con representación de algunos de los grupos que se acogieron al diálogo y otros sectores marginados de la vida política nacional.


Pero si se había promulgado la ley de amnistía, se habían creado las comisiones facilitadoras del diálogo y se habían firmado acuerdos de cese al fuego y tregua, ¿Qué salió mal? ¿Por qué no se pudo poner fin al conflicto armado en Colombia?


Desde el principio de su gestión, Belisario Betancur careció del apoyo político necesario para emprender un proceso de tal envergadura como el que se intentó llevar a cabo. El simple hecho de proponer la posibilidad de dialogar con grupos de tendencia comunista iba en contra de los planteamientos del partido conservador, los cuales se asemejaban más a los de los Estados Unidos en pleno desarrollo de la guerra fría. Fuera de su partido tampoco logró encontrar el apoyo necesario ya que no comulgaba con las políticas que había venido implementando el partido liberal, como el Estatuto de Seguridad de Turbay.


Así, el Diálogo Nacional se vio reducido a un intento infructuoso del gobierno por conciliar entre actores cuyos intereses se alejaban de la paz. Mientras se realizaban acercamientos y acuerdos, los grupos insurgentes aumentaban el tamaño de sus ejércitos, su capacidad armada y sus operaciones militares y de reclutamiento.




Por otra parte, el ejército también se opuso al proceso, moderadamente en un principio y más enérgicamente hacia el final del mismo, ya que éste contrariaba las políticas anticomunistas que imperaban en el entorno regional y a la política de seguridad y defensa que se venía implementando en el país. Esta oposición se tradujo en la intensificación de la acción armada basándose en un vacío legal de la ley de amnistía. El proceso de paz culminó negativa y desastrosamente con la toma del palacio de justicia por parte del M-19, en un intento de dicho grupo por presionar a Betancur a decidir su posición frente a la presión del ejército. Además, el fenómeno del narcotráfico como medio de financiamiento acrecentó los ánimos de lucro de las organizaciones que se resistieron al proceso de desmovilización e incorporación a la sociedad civil.


Las FARC, por su parte mantuvieron una ambigüedad permanente durante el proceso. Mientras negociaban la paz planteaban en la séptima conferencia su involucramiento en el narcotráfico, el aumento de su poder bélico y la combinación de las fuerzas de lucha con el nacimiento de la Unión Patriótica. Inclusive dentro de la organización guerrillera no había consenso sobre la entrada a la vida civil. Así mismo la guerrilla creía que podía tomar el poder por las armas, llevando a la mesa exigencias imposibles de conciliar.


El fracaso de las negociaciones se dio con el rompimiento de la tregua con las FARC, quienes incrementaron sus ofensivas militares e incorporaron el terrorismo en su nivel táctico. Prácticas como la extorsión y el secuestro empezaron a ser más recurrentes y los grupos insurgentes degeneraron en los grupos narco-terroristas que a partir de los 90’s dominaron el conflicto armado en nuestro país.