Valorización: una vaca que alimenta a Bogotá
Por: Martín Rivera Alzate
Valorización
Durante el gobierno del exalcalde Luis Eduardo Garzón, el  Concejo Distrital de ese periodo aprobó el Acuerdo 180 de 2005Por el cual se autoriza el cobro de una contribución de valorización por beneficio local para la construcción de un Plan de Obras ”. Se diseñó un plan de inversiones al mediano plazo para que, por medio del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) la ciudad construyera vías, intersecciones viales, puentes peatonales, andenes y parques. En total 134 obras.


El Plan de Obras que sería construido en cuatro grupos de forma sucesiva en 2007, 2009, 2012 y 2015 invertiría un total de $2.103.117.895.856 de pesos (un poco más de dos billones de pesos). El 96,98% del monto total sería destinado a las vías y las intersecciones mientras que el 3,02% al espacio público. Teniendo en cuenta que la ciudad crecería con el tiempo, lo que buscaba ese Acuerdo era establecer un fondo económico para financiar obras que estarían por fuera de los planes de desarrollo. Sin embargo, como se ha visto en las últimas semanas, algo salió mal y la actual administración tuvo que actuar de emergencia para remendar los errores del pasado. 


Vamos por partes:


¿Qué es la valorización?


En la página del IDU reza: “es una contribución para financiar la contribución de un conjunto de obras que producen un beneficio a la propiedad inmobiliaria, mejorarán la movilidad, el espacio público y la competitividad de la ciudad, que pagan los propietarios de los predios beneficiados con las obras”.


En palabras simples, este recaudo no es más que una vaca para que la ciudad tenga infraestructura de punta de las ciudades del Siglo XXI. Pero la vaca no es llenada por partes iguales, sino que hay unas variables que indican quién pone cuánto. Básicamente:

· A mayor área del predio, mayor contribución.

· El uso del suelo (residencial, comercial o industrial) determina el valor.

· A mayor número de pisos en un predio, mayor contribución.

· Si el predio no es residencial, a mayor valor del m2 , mayor contribución.


¿Por qué no todos ponen por partes iguales?


La teoría de la economía urbana establece, entre otros principios, que la accesibilidad le da valor de mercado al suelo. Entre más vías de acceso haya u acceso a esas vías, los predios tendrán un mayor valor. Este valor, sin embargo, no es una inversión directa del propietario sino que es la ciudad (a través de la vaca) la que está respondiendo por ese costo. Por ende, ese valor agregado que le está generando esa nueva obra, tiene que ser respaldado –en parte- por quienes más se vayan a beneficiar.


Por otro lado, no se puede cobrar por partes iguales dado que no todos los 1.700.000 predios que contribuyen a la vaca (de los 2.400.000 registrados en catastro) tienen las mismas características ni todos se van a beneficiar por igual.


Asimismo, en una ciudad tan económicamente desigual, se busca generar equidad en la infraestructura pidiendo que a la vaca contribuyan un poco más quienes más tienen (estratos 4, 5 y 6) para, en su defecto, beneficiar a los que menos tienen y generar mayor valor a sus predios


¿Qué pasó?


En 1997 la Corporación Autónoma de Cundinamarca (CAR) contrató al investigador holandés Thomas Van der Hammen para que determinara las condiciones ambientales del casco urbano de Bogotá. A partir de ese trabajo se desarrolló la estructura ecológica principal que eventualmente se convirtió en el eje determinante para la planeación de la ciudad. Ese estudio nunca se tuvo en cuenta e inclusive el Concejo que aprobó el proyecto de Acuerdo 180 de 2005 ignoró los conceptos que en el documento se desarrollaron.


La CAR mediante el Acuerdo 11 de 2011, sentenció: “se declara la Reserva Forestal Productora del Norte de Bogotá D.C. ´Thomas Van der Hammen’, se adoptan unas determinantes ambientales para su manejo, y se dictan otras disposiciones ”. Ese acuerdo, determinó entre otras, que no se podría intervenir urbanísticamente dentro de un perímetro entre las localidades de Suba y Usaquén que pretendía conectar los cerros orientales con la cuenca del río Bogotá. La CAR, en otras palabras, limitaba el Plan de Obras del Acuerdo 180 y no dejaba desarrollar el Plan Zonal Norte.


Este obstáculo conllevó a que se atrasara el proyecto original de valorización.


¿En qué está?


Empezó el 2013 y con él llegaron los cobros de valorización (utilizando el modelo y fórmula original –de 2005- ). Muchas de estas facturas llegaron con altos sobrecostos por lo que la gente se empezó a manifestar en contra de dicho cobro. Su disgusto se sustentaba, además, con las obras que ya se debieron haber hecho con cobros pasados, pero no se construyeron (ejemplo: paso deprimido de la NQS con Calle 94).


Fuente: www.eltiempo.com


Por estas razones, el Concejo Distrital prendió las alarmas y se puso a la tarea de investigar a fondo el tema para proponer una reforma a la valorización.


Lo que propone la administración


La semana pasada los líderes de las bancadas dentro del Concejo se reunieron con el alcalde mayor para hablar sobre este tema. Inicialmente se tomó la decisión de aplazar el pago de la valorización por dos meses. Es decir, ya la fecha límite no es el 27 de febrero sino el 27 de abril. Además de esta decisión, se le presentó al Concejo un proyecto de acuerdo que pretende modificar el modelo de valorización.


En diálogo con el concejal Jairo Cardozo de la bancada del MIRA, ContraPunto pudo establecer que lo que presentó la Alcaldía es frágil y tiene pretensiones de presión hacia la corporación. Cardozo afirmó que “la administración no se esperó hasta nuevo cobro” y que “en el nuevo proyecto se retiraron obras en las cuales ya se habían invertido cerca de $128.000 millones de pesos pagados en la fase 1”. Las obras a las cuales el concejal hace referencia son la intersección de la Avenida de las Américas con Carrera 50, la intersección de la Carrera 24 con Calle 80 y las Avenidas Calle 6 y Calle 13.


Justamente sobre el particular, un asesor de otra bancada que pidió no revelar su nombre, manifestó que el no ejecutar esas obras tiene “el riesgo de incurrir en detrimento patrimonial por parte de la administración y los concejales que voten a favor” esto “teniendo en cuenta que ya se tienen los estudios, diseños de detalles y los predios”.


Por otro lado, la propuesta expuesta en el Concejo establece que no se le cobrará valorización a los predios que tengan un valor comercial por debajo de $80.000.000 a lo que el concejal Roberto Hinestrosa (Cambio Radical) tildó como medida populista. De igual manera, fue diseñado tan rápido el proyecto de acuerdo que no se tienen los estudios técnicos de factibilidad de las nuevas obras lo cual representa un alto riesgo para la ciudad pues no se tendrían con claridad los contratos para la ejecución de estas.


La movida política del alcalde


La decisión de frenar las obras, no es más que una jugada política por parte de la Alcaldía. El alcalde necesita, como lo dijo ContraPunto, que le aprueben el cupo de endeudamiento, pues es sustancial para poder ejecutar sus propuestas de movilidad las cuales van a ser las que lo juzguen como un burgomaestre efectivo o el que hundió aún más a Bogotá.


Al quitar esos $128.000 millones de la vaca de la valorización, el alcalde le está mandando un mensaje certero al Concejo; si no aprueban el cupo de endeudamiento esas obras no se van a hacer, se perjudicará a la ciudad y ustedes van a ser los culpables por no permitir que se financie esa inversión.

Indudablemente es una encrucijada compleja, pero conveniente para el estilo del alcalde.


Fuente: http://www.colombia.com


Por lo tanto la corporación tiene, entre otras opciones, las siguientes: por un lado aprobar la reforma que propone la administración distrital cuya única bondad -según una fuente de Contrapunto- es la exclusión del Plan Zonal del Norte y correr el riesgo de que no se apruebe el cupo de endeudamiento poniendo en riesgo la credibilidad del Concejo y su responsabilidad con la ciudad (como eventualmente argumentaría el alcalde).


Otra alternativa sería rechazar la reforma de la valorización, manteniendo la actual -la cual sigue siendo muy compleja y tiene de enemiga a buena parte de la ciudadanía- y perder una oportunidad histórica de arreglar un mecanismo de financiación necesario para el desarrollo urbano de Bogotá. De igual manera, ante el clima de malestar que se generó en la ciudad, de seguir las cosas como están, los concejales tampoco saldrán bien librados ante la opinión pública.