Enseñar a desaprender
Por: Gustavo Larra
El Diván


Había un programa en la televisión de los 80s en España, que formó parte mi infancia y de la otros muchos miles de niños españoles, que se llamaba “La bola de Cristal”. El programa era un fiel reflejo de la conocida “movida madrileña” y entre los personajes que desfilaban podíamos encontrar a una joven Alaska, Kiko veneno o Loquillo, protagonistas del futuro musical del país. El espacio, fruto de la transición a la democracia y de la necesidad de libertad tras casi 40 años de dictadura, era un cartucho de dinamita “punk” para la tierna cabeza de su infantil audiencia con frases tan célebres como proféticas: “viva el mal, viva el capital” o “vamos a enseñar a desaprender”. Estas dos frases curiosamente son de rabiosa actualidad en este país. La primera, certera pero quizá no muy justa; lo que nos ha llevado a la crisis no es el capital sino el mal uso del mismo, pero la segunda merece que sea máxima de los colegios de primaria españoles y también sería de mucha ayuda en los ministerios: “vamos a enseñar a desaprender”. Porque esa es la sensación que tenemos todos en España. No hay más que leer el periódico: los políticos no tienen crédito (moral porque el financiero se lo llevan a Suiza) los planes de pensiones no aguantan, la seguridad social hay que reformarla, el plan educativo no convence a nadie, los bancos han hecho las hipotecas abusivas y la unión europea lo confirma, los ayuntamientos no pagan sus facturas pero cada día buscan la manera de inventar una nueva multa, Chipre hace tambalear al euro y por consiguiente la economía española…la lista es interminable, parece que nada funciona y hay que empezar de nuevo. Reformatearse, inventarse otra vez la economía, la sanidad, la política, la democracia para ver si esta vez lo hacemos bien y quitamos los viejos vicios.



Pero, enseñar a desaprender no es fácil. Siglos que cargan demasiada historia, historias de colonización, de un imperio venido a menos y demasiada sangre derramada. Gloria para sus reyes y grandes hambrunas para el pueblo. Señores y vasallos. Aulas de escuela rancias y demasiados toros. Muchos, demasiados años de artistas maltratados, encarcelados, niños y genios ignorados o poetas perseguidos y a veces asesinados por la Guardia civil. Horas y horas perdidas en bares, cientos de películas y libros censurados y hoy televisión basura y bibliotecas vacías. Es verdad que ahora estamos mejor que antes pero somos hijos de nuestro pasado. Los políticos quieren cambiar el país pero sólo ven de plazo los próximos cuatro años de su carrera. Hay que pensar a largo plazo. Y todo empieza en la escuelas. ¡Empecemos de una vez! Por favor, señores dirigentes, vamos a enseñar a desaprender.