El Parque Nacional Kruger, ¡simplemente extraordinario!
Por: Marco Ehrlich
Pellizco de África



Los documentales deNational Geographic ... son fascinantes, ¡pero jamás como la versión en vivo y en directo!


Este parque nacional en Sudáfrica -del tamaño de Holanda-, al este de la frontera con Mozambique, es verdaderamente tan espectacular como se dice... y mucho más. Un safari por el Kruger nos muestra miles de animales pequeños, grandes y gigantes que recuerdan nuestra prehistoria y nos hacen caer en cuenta que por algo -riqueza y abundancia-, esta maravillosa vida silvestre sobrevive en el lugar conocido como la "cuna de la humanidad".



Elefantes y rinocerontes que en su caminar pesado, pastear afamado y aspecto raro, a mucho nos recuerdan a los herbívoros prehistóricos y los dinosaurios; búfalos gordos envueltos en nubes de moscas y jabalíes de colmillos retorcidos que escarban entre los desechos de los elefantes; esbeltas y bellos impalas siempre pendientes de la emboscada del leopardo o de la fulminante carrera de la "chita", antílopes grandes como caballos, cebras con muchos colores (más que rayas negras y blancas), mandriles antipáticos y bastante feos... jirafas elegantes, pero un poco torpes y muy altas... en fin, una cantidad de animales, a menudo pasteando mezclados en esta gran sabana.



Lo más bello de esta aventura -que la hace parecer a una visita a un zoológico sin cercas ni jaulas-, es que todo estos gigantes raros son más que mansos: ni mi carro ni el de los otros turistas les importa, lo ignoran y hasta se acercan sin miedo. Los animales sin embargo, quedan inmutados por la presencia del carro porque no lo asocian con una amenaza. Es por esto que la mejor regla, de las muchas que impone el KNP como se conoce el parque, es la de NO bajarse del carro NUNCA. Así que los animales no ven a los humanos de los cuales se escapan y esconden, pero solo observan a un objeto extraño que se mueve pero que no les hace daño, apenas las manadas de gacelas se espantan un poco con ruidos extraños como para no perder la existencial costumbre de mantenerse en alerta ante posibles ataques de leones o de chitas. Es increíble, pero todos los turistas respetan la regla de nunca bajarse del carro... la verdad es que con un elefantes de una tonelada caminando a pocos metros de uno, escuchándole y oliéndole literalmente el aliento... ¿a quién se le ocurriría bajarse del auto?


En cada kilómetro hay un espectáculo extraordinario para descubrir, observar... disfrutar. El paisaje de la sabana africana es siempre fascinante... y ahora más, desde que han caído las primeras lluvias y que todo es exuberante y verde. Mucho me recuerdan a los paisajes sabaneros de Burkina Faso y del norte de Benín en África Occidental. Mañana, a captar grandes gatos: leones, chitas y leopardos (hoy solo le vi la cola de un leopardo comiendo una gacela detrás de unos árboles...).


Toda esta aventura empezó de puro rebote. Mi destino era Angola (y sigue siéndolo) pero por culpa (jamás será merito...) del cónsul angoleño en Johannesburgo, que no me entregó la Visa para Angola el jueves, me quedé el fin de semana en Sudáfrica y aquí estoy en camino hacia el mítico KNP. Este plan estaba en mi cabeza, como se dice, desde chiquito, desde que vi los primeros documentales de laBBC  sobre la gran fauna africana... ahora este parque se encontraba a solo 4 horas de distancia de Pretoria...


El gerente del guest house  en donde me quedaba en Pretoria -que es cazador y conoce todo los parques sudafricanos- me dio tips  de cómo y dónde entrar al parque, y sin pensarlo dos veces, reservé por Internet el alquiler de un carro y busqué sin éxito un alojamiento en los campamentos dentro del parque. Este fin de semana era "puente" como llaman en Colombia a los fines de semana de tres días, y todo estaba ocupado. Estos campamentos manejados por el mismo Servicio de Parques Nacionales son en verdad unos conjuntos de diversos tipos deaccomodations  , como las llaman aquí, o una colección de diversos tipos de alojamientos desde bungalows de lujo hasta carpas con puertas de madera, desde guest houses  costosos, a sitios para acampar muy económicos en una área del parque diseñada para este propósito y además cercada y segura.

Así que sin saber en dónde iba a pasar la noche y solo con una medio idea de lo que me esperaba en términos de distancia y geografía, el viernes por la tarde me fui a buscar el carro alquilado al centro de Pretoria. Antes había conseguido una tarjeta SIM para el celular así que aunque me perdiera estaría comunicado.



En el sitio de alquiler me esperaba una gran sorpresa: necesitaban el pasaporte "original" -que obviamente había quedado en el Consulado Angoleño-, en Johannesburgo, para aceptar mi licencia de conducir y la tarjeta de crédito. De nada sirvieron mis súplicas, una copia del pasaporte que si tenía y todo tipo y color de licencia de conducir que llevo conmigo: con una sorprendente dosis de psicorrigidez (jamás encontrada en América latina), se rehusaron a pasarme las benditas llaves del carro.



Cuando ya la frustración se volvió desespero y un par de preciosas horas de la tarde se esfumaron, me acordé preguntarle si era posible que un sudafricano o alguien con su pasaporte en la mano podía alquilar el carro para mí... Llamé a Naciones Unidas, pero el viernes por la tarde todos se habían ido; llamé al guest house  y el muchacho de turno no tenía idea, y finalmente, me acordé que años atrás un amigo que había conocido en la Embajada italiana en Caracas se había venido para Sudáfrica y que a lo mejor, todavía estaba en Pretoria. La suerte evidentemente no me había abandonado y alguien en la Embajada por suerte contestó y me dio el número de teléfono no de mi amigo -que se había mudado a Zimbabwe-, sino de su esposa venezolana que se había quedado a vivir con los muchachos en Pretoria. 



Para hacer el cuento corto, no solo esta amiga vino a rescatarme de la agencia de alquiler de carros en donde estaba, sino que después de buscar otras -porque aun así les hacía falta mi pasaporte original-... firmó los papeles del alquiler y yo absolutamente emocionado, infinitamente agradecido y más que un poco angustiado, emprendí el viaje -ahora ya casi nocturno- de cuatro horas hacia el KPN y sobre el lado izquierdo de la carretera.


Se hizo muy tarde de noche, así que seguiré con el cuento después…


Hasta pronto.