Buenos y malos
Por: Martín Rivera Alzate
Opinión


La gestión urbana de Bogotá se está volviendo una campaña política donde se estigmatiza entre los buenos y malos. Una vez más estamos cayendo en el sofisma de qué la culpa –de lo que está pasando- la tiene el otro y mientras tanto la ciudad sigue en deuda con sus habitantes.



Antes de entrar en los detalles de esta columna quiero dejar en claro –para evitar estigmatizaciones- que no voté por Gustavo Petro ni apoyo la revocatoria liderada por Miguel Gómez. Estoy gratamente sorprendido con el discurso del alcalde e indudablemente hay buenas intenciones en su Plan de Desarrollo. Sin embargo, a juzgar por su año y medio de gobierno, ha demostrado un total desconocimiento de los temas de la ciudad y peor aún, ha revelado un autoritarismo innecesario traducido en la renuncia de más de 15 funcionarios de confianza.



Lo más preocupante del estado político actual de la ciudad es que mientras él mismo se va tropezando cazando peleas internas, con los medios y hasta con funcionarios del gobierno nacional, hay quienes quieren sacar provecho político de la delicada situación en la que está Bogotá.



Si bien los mecanismos democráticos y de participación ciudadana que estableció la Constitución de 1991 deben ser aplaudidos, respetados y ejecutados en caso de ser necesario, salir a buscar firmas financiadas por una fundación con tinte ideológico y político a solo un año de ejercicio administrativo, es una clara muestra de afán mediático por aprovecharse de la debilidad institucional y pasar al bando de los buenos culpando únicamente a los malos .



El debate nacional sobre el proceso de paz que se está llevando a cabo en La Habana es la ambientación ideal que tiene, en este caso, Miguel Gómez Martínez para seguir con su proyecto de revocar al alcalde mayor de la ciudad. Lo mejor que le puede pasar a su empresa es la polarización (casi que extrema) entre izquierda y derecha. Polarización traducida en carnada jugosa por medio de una opinión pública habida por ese amarillismo político y banal donde se buscan titulares llamativos y dividir entre los del bien y los que buscan el mal .



El caso particular de Gómez Martínez es patético pues no le ha anunciado a los bogotanos, de frente, que él es la carta política del uribismo en la ciudad y que seguramente va a ser el candidato a la Alcaldía por parte de Centro Democrático. Lo ha negado ante la opinión pública, siendo aún más irresponsable, pues ni si quiera tiene una solución real al problema que ha planteado. Mejor dicho, quiere ahondar aún más en los problemas administrativos de la ciudad.



Gómez trata de presentarse como cordero manso cansado de las improvisaciones de la administración actual, escondiendo debajo un lobo feroz cuyos intereses van más allá de preocuparse por la ciudad. Pero más desconcertante aún es que del otro bando, Petro, en lugar de enderezar su función y demostrar ser un buen administrador con liderazgo, se queda en al pelea del día a día alimentando la gula de la opinión pública.

Bogotá sigue mal y a la vez son condenables las actuaciones infantiles por parte y parte. Mi petición es la siguiente.



Señor Gómez: deje gobernar y en vez de estar gorreando pantalla utilice mecanismos más democráticamente maduros, como lo es el control político, y exija que se cumpla a cabalidad el Plan de Desarrollo (recordemos que el voto de la ciudad es un voto programático y para eso fue elegido Petro). Por lo menos tenga la capacidad, si tiene tantas ganas de revocar el mandato del alcalde, de proponer una solución con cifras y políticas a la crisis de la ciudad. Hasta ahora refleja un discurso débil cuyos argumentos carecen de conocimiento técnico.



Señor Petro: mejore de una vez por todas el Sistema Integrado de Transporte (SITP) que tanto le está costando a la ciudad empezando por nombrar un secretario de movilidad. Deje de lado el autoritarismo y ejerza su liderazgo por medio del ejemplo y el respeto. No piense en candidaturas presidenciales para el 2018, piense en la ciudad que está gobernando hoy . Ejecute su Plan de Desarrollo y por amor a dios, déjese asesorar. Lo más importante; no se deje llevar por juegos infantiles estimulados por la opinión pública.